Tom Ford y Alaïa se presentan en el Otoño-Invierno 2026 de París

El miércoles no fue un día cualquiera en el calendario. Mientras Haider Ackermann terminaba de sentarse en el trono de Tom Ford con una colección otoño-invierno 2026 que exudaba peligro y sofisticación, Pieter Mulier cerraba la puerta de Alaïa con una línea minimalista antes de poner rumbo a Milán.

Tom Ford otoño-invierno 2026

Bajo la dirección de Haider Ackermann, Tom Ford ha recuperado ese aire «diabólicamente atractivo» que lo hizo legendario. En el Pavillion Vendome, ante una primera fila de infarto —con Kate Moss, Daphne Guinness, Regé-Jean Page, Ricky Martin—, Ackermann presentó una colección que nos recordó por qué la sastrería es el arma más poderosa de la moda.

Encontramos trajes holgados pero de estructura impecable, con solapas infinitas y pantalones acampanados que gritaban actitud. En un giro inesperado, Ackermann cubrió varios looks con prendas elaboradas de plástico denso.

Con esta colección, Tom Ford trajo de regreso las camisas y chaquetas pinstripe para el otoño-invierno 2026, combinados con capas y elementos dramáticos para crear un efecto sensual que divaga entre el más clásico yuppie y la elegante modernidad.

Asimismo, mostró abrigos de impacto, piezas extragrandes con motas y lunares en blanco y negro que dominaron la pasarela.

«Vivimos en un mundo salvaje donde todos gritan y hay una falta de humildad. Para mí, esto fue como decir: unámonos. Todos somos diferentes, pero queremos lo mismo«, comentó Ackermann al finalizar, bajo los acordes de Sweet Harmony.

Alaïa

Si lo de Tom Ford fue un grito de poder, lo de Alaïa fue un susurro de despedida. Pieter Mulier presentó su última colección para la casa antes de asumir la dirección creativa de Versace el próximo 1 de julio.

Mulier optó por un enfoque reduccionista. La pasarela se llenó de vestidos lenceros, vestidos tubo monocromáticos y abrigos de líneas puras. Fue una colección impecable, sí, pero carente de los «fuegos artificiales» que suelen acompañar a un cierre de ciclo. Un crítico en la primera fila no pudo evitar el dardo: «Le minimum syndical» (el mínimo esfuerzo necesario).

Sin embargo, el desfile tuvo un componente emocional profundo: una serie de retratos del equipo del taller, desde costureras hasta ejecutivos, realizados por el fotógrafo Keizo Kitajima, rindiendo homenaje a quienes mantienen vivo el ADN de la casa.

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