¿Qué hay realmente detrás del boom de las ‘tradwives’ en redes sociales?

Si pasas más de cinco minutos haciendo scroll en TikTok o Instagram, seguro te has topado con videos del estilo: hogazas perfectas de pan de masa madre recién horneado, vestidos florales vintage, cocinas impecables y familias numerosas viviendo una rutina de ensueño. A primera vista, parece un contenido súper relajante e inofensivo sobre la vida doméstica. Sin embargo, dentro de internet, se trata de un  movimiento que está encendiendo un debate gigante en redes sociales: las tradwives.

«Tradwife» es una abreviatura de traditional wife (esposa tradicional), una tendencia que desde hace un par de años está acumulando millones de visualizaciones. Pero el motivo por el que se ha vuelto tan polémico es que, de acuerdo a algunas personas, esta narrativa está cuestionando directamente los avances del feminismo.

¿Qué significa ser una tradwife?

El concepto es simple: las tradwives son mujeres jóvenes casadas y creadoras de contenido. Son madres que deciden dejar sus carreras de lado para dedicarse al 100% a cuidar su hogar y a sus hijos, mientras sus esposos se encargan de las finanzas. Hasta ahí, todo parece una decisión personal súper válida.

El problema real—y la razón por la que los expertos están encendiendo las alarmas—es el discurso. Aunque muchas de estas influencers defienden que se trata de una elección personal y libre, otras también aseguran que se trata de el «verdadero rol» de la mujer el someterse al liderazgo del hombre, alegando que trabajar fuera de casa va en contra de su «naturaleza».

Lo peligroso del asunto, según un análisis de la Universidad de Massachusetts Lowell publicado en The Conversation, es cómo opera el algoritmo. Muchos usuarios llegan a estos perfiles buscando recetas sencillas o tips de organización, y te enganchas con la música relajante sin darte cuenta.

La trampa detrás de la estética perfecta

El éxito de estas creadoras radica en que venden una fantasía hiperatractiva y pacífica, muy lejos de los discursos agresivos; al contrario, el las tradwives lo venden como una vida cálida, aspiracional y visualmente perfecta. Pero al ver debajo de la superficie, la investigación liderada por los especialistas Arie Perliger y Catalina Jarry revela conexiones profundas con la religión y la política conservadora:

Utilizan pasajes religiosos para asegurar que obedecer al esposo es un mandato divino. Así, la sumisión se convierte en una virtud espiritual y no en una simple elección de pareja, transformando la dependencia económica en un deber.

Además, detras de los huertos orgánicos hay una fuerte oposición a los derechos LGBTQ+ y al aborto. En los casos más extremos en Estados Unidos, el movimiento se roza con el nacionalismo y el llamado household voting (voto por hogar), una propuesta conservadora que plantea que solo el esposo debería votar en representación de toda la familia como el «jefe del hogar».

¿Por qué tantas chicas se están sumando a la tendencia tradwife?

No se puede negar que el movimiento sabe cómo conectar con las ansiedades de la mujer moderna. El ritmo de vida actual, la cultura del hustle y el tener que ser una «mujer empoderada» que trabaja ocho horas, va al gimnasio, cuida a los niños y mantiene una vida social perfecta es agotador. El cansancio del día a día es real.

En ese contexto de colapso mental, la idea de renunciar a la oficina para hornear pan todo el día con un vestido bonito suena como el escape perfecto.

Así, canales conservadores como Girl Defined aprovechan este cansancio colectivo para soltar perlas como: «A pesar de todos los años de feminismo y libertad, las mujeres están más deprimidas y ansiosas que nunca». Básicamente, te venden que regresar a los roles de los años 50 es la solución mágica a los problemas actuales.

¿Tradwife es libertad o retroceso?

Mientras quienes defienden que el feminismo también significa tener la libertad de elegir ser ama de casa a tiempo completo. Por el otro, quienes alertan que romantizar la dependencia económica absoluta de un hombre es una tremenda red flag para el futuro de cualquier mujer.

Pero aquí viene el dato más curioso: muchas de estas tradwives que predican la sumisión absoluta y el rechazo al trabajo fuera de casa son, en realidad, empresarias exitosísimas. Monetizan millones de reproducciones en YouTube, cierran contratos publicitarios brutales y venden sus propios productos en línea. Así que, tan dependientes no son.

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