A más de una semana del doble sismo del pasado 24 de junio, para muchos aun existe una estructura que también se movió y que exige atención inmediata: la estabilidad emocional. En medio de este panorama, la Lcda. Solangel Almarza —psicóloga clínica especialista en terapia cognitivo-conductual, familias y neurodivergencia— puso sobre la mesa un concepto clave durante , el estrés y «las grietas invisibles» post-sismo, ese impacto psicológico latente que nos mantiene en modo de supervivencia.
«Cada persona vivió su historia de manera diferente«, explica Almarza. «A todos nos afectó de alguna forma, porque todo depende de cómo lo vives, con quién estás, dónde estabas y qué te tocó resolver en ese preciso momento«.
De acuerdo con la especialista, saltar ante el más mínimo ruido, tener insomnio, sentir tensión constante o incluso refugiarse en el humor negro son respuestas completamente normales de un sistema nervioso que aún intenta procesar el impacto y se encuentra en modo de supervivencia.
Estrés post-sismo: cuándo cuerpo hablando lo que la mente calla
El desgaste físico no siempre requiere de un daño material para manifestarse. Solangel explica que nuestro cuerpo tiene un sistema de alerta apaga temporalmente el análisis lógico para enfocarse en la supervivencia. Este estado de estrés es lo que genera consecuencias en el organismo tras un evento traumático, como un post-sismo.
«El cuerpo sabe que estamos sufriendo incluso antes de que nosotros cognitivamente podamos procesarlo«, afirma la psicóloga clínica. «Por eso es común que muchas personas experimenten dolores de cabeza o alteraciones físicas; es el sistema nervioso que sigue en pie de guerra».
La especialista nos invita a hacer una revisión en casa, ya que el impacto emocional muchas veces se disfraza de formas muy distintas según la edad:
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En los más pequeños: El miedo no siempre viene con palabras. Se manifiesta a través de pesadillas, una necesidad extrema de apego a sus figuras paternas o en «juegos repetitivos» (como construir torres para luego derrumbarlas). «No son conductas desafiantes; es la manera que tienen de expresar y usar la información porque no tienen el vocabulario para describir lo que ocurre», aclara.
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En los adultos: El enemigo principal suele ser la culpa y la falsa necesidad de mostrarse indestructibles. Almarza destaca que el humor irónico o los chistes sobre el evento también juegan un rol importante: «El humor es un mecanismo de defensa del ser humano y una prueba de inteligencia; es otra forma válida en la que la persona afronta la realidad».
¿Cuándo es momento de buscar un especialista?
Sentir ansiedad, estrés o fatiga en post-sismo es parte del proceso. Sin embargo, Solangel Almarza advierte que debemos encender las alarmas y buscar apoyo clínico especializado si los síntomas aumentan, no disminuyen con el paso de los días o si se experimenta de forma prolongada:
- Una sensación de desesperanza extrema o desinterés total por el día a día.
- Insomnio severo que impide cumplir con las responsabilidades básicas.
- Irritabilidad constante o respuestas agresivas incontrolables.
- Recurrir al alcohol u otras sustancias para intentar «calmar los nervios».
4 herramientas prácticas de autorregulación
Para ayudar a nuestro cerebro a bajar las revoluciones y entender que ya pasó el peligro, la psicóloga nos comparte cuatro estrategias clave basadas en el enfoque cognitivo-conductual:
- Dime no al doomscrolling: Pasar horas consumiendo noticias trágicas o videos del sismo en redes sociales solo reactiva el pánico en tu cerebro. «Si ya tienes dos horas informándote, estás sobreexpuesto. El cerebro vuelve a subir los niveles de estrés y no le permites regularse», advierte Almarza.
- Valida lo que sientes: Ser fuerte no significa ser de piedra. «Nos decimos: ‘yo soy fuerte, vamos hacia adelante’, y está bien. Pero ¿en qué momento validas lo que sientes y transitas el miedo? Somos seres humanos y es totalmente válido llorar e incomodarse«, recuerda la especialista.
- Crea micro-rutinas: Ante la falta de control exterior, el cerebro ama la predictibilidad. Diseña una rutina sencilla para tus mañanas o noches; saber qué viene después reduce drásticamente la ansiedad generalizada porque «el cerebro funciona con anticipación».
- Apuesta por el movimiento consciente: El cortisol (la hormona del estrés) se acumula en los músculos y genera sedentarismo por agotamiento. Camina, sube escaleras o practica la respiración consiente profunda para apoyar físicamente la recuperación de tu sistema nervioso.
«Las grietas también pueden quedar en nuestro estado emocional, en la forma en la que miramos al futuro, en la seguridad con la que abrazamos a quienes amamos o en la tranquilidad con la que volvemos a dormir«, concluye Solangel Almarza. «Pero así como la tierra vuelve a encontrar su equilibrio, nosotros también tenemos la capacidad de reconstruirnos«.
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